24 junio 2015

El Cancho de La Ladera, La Cabrera

No recuerdo como vino a la conversación, lo que si recuerdo es que terminadas las vías Manolo mencionó la similitud que hice en su día entre la escalada y el ajedrez. Horas más tarde, mientras viajaba en Metro de vuelta a casa, mis neuronas volvieron a aquella conversación buscando nuevamente la interconexión…
Tenía la chapa ya bajo mis pies y no sabía que pieza mover, no veía buena jugada y menos cuando mi pie izquierdo había patinado ya en el arenoso granito, por mi mente pasó levemente la idea de bajarme pero tirar el rey no era la opción, estaba en un equilibrio no muy estable, o lo que es lo mismo estaba en jaque, mi próxima jugada debía ser precisa, toqueteaba todas las presas pero ninguna me daba una mínima confianza para dar el paso, todas eran precarias, no sabía que combinación hacer, tranquilo pensé la mejor jugada, mis compañeros no me cantaron el movimiento pues cada uno había pasado de distinta manera por allí, al otro lado de la cuerda había un silencio casi sepulcral, el silencio que me hacía falta para pensar y buscar la mejor combinación… volví a toquetear las presas, volví a mirar, hasta que me di cuenta que la buena jugada estaba abajo, en el paso de adherencia, justo en el lugar donde hacía pocos segundos había convertido el granito en arena, la roca está ya caliente, será un paso de fe, una jugada de doble filo que puede salir bien o mal… La goma y la piedra aguantaron y tras el paso de fe pude enrocar a mi rey junto a un agarre de mano.
Miguel, en el paso clave de Fácil Tranquilidad, 6c+...¿6c?

* * *

La mañana empezó distinta, mientras tomábamos café, el camarero, a instancias de un cliente sexagenario, nos puso por la tele un combate de boxeo en el que peleaba su hermano Nico, según se calentaban los púgiles nos iba desvelando los misterios del combate. Mira cómo se sale de la corta distancia pues sabe que cobrar, ahí se está cubriendo el hígado y la pera, ¡jop! Ese le ha dolido, según me dijo va a tardar tres días en masticar bien…veréis, veréis ahora…¡Toma! ¡K.O.! Nico tumbo a su contrincante al tercer asalto.
Pagamos los cafés…cualquiera se va de aquí sin pagar, y nos fuimos del bar con la surrealista escena de ver al sexagenario cliente, guasón y aún caliente por el fervor del combate, buscando pelea como si fuera un crio después de ver una película de Bruce Lee.
Ahora nos tocaba calentarnos a nosotros pero no en el cuadrilátero ni en el bar, sino en las laderas del convento de San Antonio en busca de nuestro sector, a pesar de que la cuesta no es muy larga y de que aún no apretaba mucho el calor, llegamos sudando la gota gorda a la base de las vías.
El sector de hoy es la zona baja del Cancho de la Ladera, está orientado un tanto al oeste y da la sombra en su base lo justo para dejar de sudar y hacernos la primera vía medio a la sombra, luego ya se va metiendo el sol poco a poco hasta que se hace difícil buscar una sombra para poner los gatos en la fresquera, al final la roca estaba algo caliente y la adherencia no era del todo buena, pero yo no cambio el día por otro, salí encantado con esta zona baja de El Cancho de la Ladera al que pensamos volver con algo menos de calor.
Tras la cuesta y el cambio de camiseta le damos una visual general a las vías. Como vamos tres preferimos hacer primeros largos a meternos en pared con incomodas reuniones.

Tag an Meer, 6a, la primera chapa es el segundo seguro (Foto Manolo)


 Manolo en Tag an Meer, 6a

En Tag an Meer, 6a (foto Manolo)

La primera vía, la de calentar, es el primer largo de la Tag an Meer, 6a, la primera chapa tiene un considerable aleje, hay una buena fisura donde entra a cañón un alien, el paso duro está casi al final, cuesta dejar el agarre de una fisurita a la que ya le has cogido cariño para meterte en parca adherencia.
 Miguel en la vía Anónima, 6a

Vía Anónima, 6a+ 


Posteriormente nos metemos en una Vía Anónima, 6a+, a la izquierda de la primera, en esta vía abunda el musgo en su parte final, justo donde hay un aleje, entra bien un friend pequeño que te asegura la llegada al descuelgue, el problema es que si metes el friend luego el último lo tiene que recuperar, y como la reu no tiene anillas te tienes que ir a la de la vía anterior (a la derecha) a bajar de sus anillas,… "pendulaco" al canto.

Román Pérez, 6a... 6b?



Terminada esta nos metemos en el primer largo de la Román Pérez, 6a,  aunque eso del 6a no sé, igual es que se ha roto algún canto o se ha terminado de caer algún desconchón, para nosotros el paso de salir de la bañera es de 6b, también puede ser que la roca ya estuviera templada.
 Entrada de Fácil Tranquilidad, 6c+?

 Miguel en un "cruzaito" de Fácil Tranquilidad


Finalizamos el día con una vía dura, Fácil Tranquilidad, 6c+, en nuestra opinión 6c. Miguel va de primero, Manolo y yo detrás en tope, no desaprovechamos la ocasión de tener la cuerda puesta para probarla, guapísima vía que te va a exigir lo mejor de tus gatos y de tus yemas.
Nuestra idea inicial era terminar el día con el V+ de la vía 3 (según croquis), pero el calor ya nos tira pal’ convento, bueno más que pal’ convento para las cervecitas que hay algo más abajo. Ya volveremos por aquí con algo más de fresco.

Datos técnicos.
Desde el convento de San Antonio de La Cabrera subir la ligera cuesta, no tiene perdida, desde abajo se ven tanto el Pajarito como el Cancho de la Ladera (también llamado Cancho del Fraile).

El croquis está en Escaladores de la Cabrera, si no me equivoco este es de Raúl Redondo.
Las vías que hicimos se pueden hacer con cuerda de sesenta, una decena de cintas, reunión y grillo. Opcional un alien (vía 2) y un friend pequeño (vía 1).
Como he dicho en el texto, el descuelgue de la vía 1 tiene dos parabolt sin argolla, hay que ir a la reu de la vía 2 para bajar. Cuidado con la maniobra de desmontar. La opción es rapelar de las argollas de la vía 2 pidiéndole al compañero que te fije un poco la cuerda que aun pasa por los seguros de la vía 1, de esta manera el péndulo está controlado y se puede desequipar.

11 junio 2015

Agujas de Valdemanco

Mis amigos me preguntaban que qué pasaba con el blog, que si lo había dejado; la respuesta era bien sencilla, aunque en esto últimos meses he seguido haciendo actividad, la causa principal de este pseudo-abandono es el encadenamiento ruinoso de lesiones, no salía de una y ya estaba metida en otra,… Ahora parece que ya voy saliendo, o al menos ya he aprendido a convivir con ellas, pues alguna creo que ya la tengo crónica. Para no forzar más de la cuenta me refugié en mi grado de confort repitiendo vías en escuelas para mí conocidas, con esto, salvo pasar un buen día entre amigos no había mucho más que contar… y menos a mí fisio, que por no oír sus reproches simplemente le decía que me dedicaba a dar “paseítos por la Pedriza”. Entre estos “paseitos por la Pedriza” destacan las visitas que últimamente hemos hecho a las Agujas de Valdemanco, este solitario paraíso de granito de alta montaña, donde abunda el musgo y el cerrado matorral, donde vive la nerviosa lagartija y el inmutable buitre. Aquí la tranquilidad y la energía entran por los poros por si sola, que mejor sitio que este para romper un silencio que ya me molestaba, que mejor lugar para recuperar energía.
Miguel, en el L1 del El Alpinista electricista, 6c+

* * *
De mis últimas salidas varias han sido por estas apartadas agujas, era agradable ver la progresión tanto física como mental que me daba este lugar. Recuerdo que la primera vez que subí, con el chorreo de lesiones a cuesta, casi me tumbó la pequeña subida de acceso, puede decirse que llegué a la base de las agujas moralmente derrotado y pidiendo árnica para mi rodilla, ese primer día me conformé con hacer tres vías de cualquier manera, me limité a ver como los demás disfrutaban de la escalada mientras mi alma intentaba buscar un algo entre las agujas que había perdido en el valle.
Por suerte no perdí la afición a la fotografía y conservo unos recuerdos de aquel día que ahora veo un tanto distantes.

Manolo en Rebeca, 6a+

Miguel en Gandalf, 6b

Fernando en el Muro del Sol, Vía Abejas, 6a+

Semanas después vino la segunda visita, creo que fue en esta cuando llegó el punto de inflexión, la subida me costó menos y aunque se notaba la falta de actividad, las lesiones no enturbiaron la escalada. A decir verdad apunto estuve de no ir, pues al oír el nombre de las vías que proponía Miguel: Directa Salcedo-Sanchez y el Alpinista Electricista a la Punta Laura, me entró el… “Y donde voy yo con este cuerpo a hacer semejantes vías”, los ánimos de Miguel me empujaron, y bueno, voy y hasta donde pueda me dije.
 Miguel, primer largo Directa Salcedo-Sánchez, 6b (mantenido) ¿6c?

Fernando, en el L2-L3 Salcedo-Sánchez

 R1 de El Alpinista Electricista, 6c+

Fernando, L1 de El Alpinista Electricista, 6c+

Excepcionales vías. Ese día, aunque en tope, Vlady, Manolo y yo solo hicimos una, La Directa Salcedo-Sanchez a la Punta Laura, mientras Fernando y Miguel hicieron también El Alpinista Electricista. Para esa única vía bien valió subir, fue la excusa perfecta para compartir cuerda y risas y por supuesto la posterior cerveza, también fue la excusa para olvidarme de las lesiones.
 Vlady, empalmando el L2 y el L3 de la Directa Salcedo-Sánchez

 Manolo, en el L2 - L3 de la Directa Salcedo-Sánchez


Menda en el mismo largo

Al día siguiente volvimos Miguel y yo a este paraíso de verdes placas y firmes regletas, fue una subida rápida donde las lesiones quedaron difuminadas por el entorno, hicimos cinco vías cortas, en este caso todas encadenadas de primero, disfrutamos de un día como hacía tiempo no lo hacía, en este lugar que cada vez significa más para mí.

 Cancho Moñiga, vía Merlayn, 6b


 Muro del Sol, El Quinto Elemento, V+
  Muro del Sol, El Quinto Elemento, V+
Datos técnicos y croquis: Vienen en la guía de Juan Luis Salcedo, La Cabrera, Agujas de Valdemanco. De Punta Laura en vía clásica hay un buen croquis. Por su parte Miguel me ha pasado este que subo:


En él se puede ver una tercera vía que dudamos que sea la Vía Casquet-Becquer-Vivanco pues inicia su recorrido por un espolón y está equipado con parabolts M-10.

Descenso de Punta Laura: Destrepando por detrás o rapelando por las vías, ojo la última reunión de la Directa Salcedo-Sánchez está un tanto vetusta, nosotros rapelamos de un cáncamo que hay algo más a la derecha, en una tirada de 60m. Según pone Miguel en el croquis se recomienda hacer la Directa Salcedo-Sanchez en dos largos pues la segunda reunión es un tanto incómoda, y el Alpinista Electricista en tres, pues las cuerdas corren mal arriba. El resto de las vías son de un largo. Las dos primeras vías de Punta Laura se pueden hacer con cuerda simple de 60

P. D. En este blog puedes encontrar algo más de esta zona.

05 febrero 2015

Recuerdos de un esquiador

Thierry (Tití) es un monitor de la escuela francesa de esquí de Saint Lary, coincidimos con él a partir del segundo día de nuestra estancia en Pirineos, aparte de otros, había dos temas que siempre tratábamos en nuestra conversación, el estado de la nieve y el tiempo para el próximo día, preferíamos preguntar a una persona de montaña de la zona, que lleva muchos años contemplando estos cielos, a ver unas estrellitas de nieve pegadas en el impersonal mapa de la meteo junto a unos parcos comentarios. Aunque al final ya dudábamos de Tití, pues a partir del martes teníamos siempre la misma previsión, en su algo precario castellano nos decía. “Hoy bueno, pero mañana un metro de nieve” y “la nieve aquí mala id al otro valle que hay nieve bonita”,…me hacía sonreír cada vez que decía lo de la nieve bonita.
Probamos la nieve en el primer valle (Pla D’Adet) y efectivamente estaba helada, y encima se había levantado una mareante niebla, decidimos cambiar de valle fuimos a "Le Vallon", donde encontramos la nieve bonita que Tití nos había dicho libre de nieblas.

Le Vallon

Amaneció el miércoles y ni una nube, al ver a Tití se me ocurrió preguntarle por el metro de nieve prometido, su respuesta fue la misma que el día anterior. “Hoy bueno, pero mañana un metro de nieve”, “Id al otro valle que allí hay nieve bonita”.

Pla D’Adet entre nieblas

Volvió a acertar en cuanto al estado de la nieve, seguía “fea” en el primer valle y bonita en el segundo. Que gozada, el único problema que tuvimos fue que por apurar al máximo el tiempo, por poco no llegamos al último telecabina.
Llego el jueves,…y bueno, el metro de nieve se quedó en diez centímetros, eso sí, hacía algo de viento y mucho frío, a pesar de los guantes los hierros de los tele arrastres nos robaban el calor de las manos con rapidez. Esta vez la niebla cubría ambos valles, se notaba que estaba entrando un duro temporal.
Antonio y Jose

Con niebla se pierden las referencias, no ves los bordes de la pista, ni el relieve de la nieve, y por supuesto tampoco donde metes los esquís, todo es blanco, todo excepto la silueta naranja a la que seguíamos, la de Jose, el más avezado de nosotros, abría camino y nos esperaba en los sitios estratégicos.
La jornada de esquí preferí darla por terminada pasada las dos de la tarde, tras más de cinco horas de fríos remontes, mareantes bajadas entre nieblas y un par de buenas castañas, en una de ellas amorticé el casco y en la otra, no sé cómo, apareció un esquí encima de mí. Tras esta segunda caída decidí retirarme. Allí deje a mis amigos Jose e Iker, tras decirles que se bajaran cuando quisieran, que yo me iba a la ducha.
El viernes por fin llegó el metro de nieve de Tití, sin dudarlo fuimos a las pistas, no sé si lo hicimos porque teníamos pagado el “forfait”, por el ansía de esquiar, o simplemente porque era nuestro último día de esquí y queríamos aprovecharlo, lo que si sé, es que somos de los que abrimos remontes y cerramos pistas, bueno más mis amigos que yo. Al llegar arriba vimos el espectáculo, nevaba y seguíamos con niebla, esta vez menos densa. Los remontes al “valle de la nieve bonita” (Le Vallon) estaban cerrados por viento y había tal cantidad de nieve en Pla D’Adet, que era como si esquiáramos fuera de pista, ese día dejamos pronto el deporte, aprovechamos para conocer las costumbres de por aquí en uno de los chiringuitos de la estación, nos tomamos el típico vino caliente con canela y creo que con algo de azucar, que Iker nos tenía casi pedidos cuando entramos al bar. Tras los vinos bajamos al valle entre la persistente nevada, y unos extraños y sordos ruidos que alguien dijo que eran avalanchas. Con una cena regada por un vino de Burdeos en un restaurante de la zona terminamos nuestra aventura. O al menos eso nos creíamos, pues en el viaje de regreso la aventura fue aún mayor.

Iker paleando nieve


Tardamos un buen tiempo de salir del aparcamiento del hotel, tuvimos que abrir camino al coche a base cadenas, palas y algunos empujones, además, ayudamos a un par de chicas francesas a sacar el suyo, es lo que tiene ser un macho ibérico, tienes que ir demostrándolo allá por donde vayas. 
Saliendo del pueblo

Conseguimos salir del pueblo, según subimos la cuesta al puerto ya tenemos el primer susto, a pesar de llevar cadenas se nos va el coche en una de las curvas, el habilidoso Iker consigue controlar el vehículo sobre el hielo, continuamos camino aún más lentos para evitar más sustos. Pronto nos quedamos parados sin saber por qué, nos bajamos a ver, delante nuestro hay tres o cuatro coches en caravana, acaba de caer una avalancha sobre la carretera, no se puede continuar, pasa una pala quitanieves pero se va de regreso por donde ha venido, pues la altura de nieve sobre la carretera es más alta que la del propio camión.
Primera avalancha


Mi experiencia en la construcción me hace opinar que tardarán varias horas en quitar la nieve siempre que venga la maquinaria adecuada, allá va una pala cargadora. Tras una breve charla decidimos esperar, pues preferimos esto a comprobar el estado de otras distantes carreteras.
Cerca de tres horas más tarde la pala deja despejada la ruta, nos ponemos nuevamente en marcha, sobrecoge pasar por la zanja que ha abierto la máquina. En nuestra cabeza solo teníamos una idea, la de cruzar el túnel de Bielsa lo antes posible, pues entendemos que en la cara sur de Pirineos el temporal no será tan fuerte. Los coches que nos precedían desaparecieron en uno de los cruces, debían ser franceses que iban a otro destino, nos tocó abrir huella a nosotros.
En un momento todo se volvió blanco, a duras penas se veían las balizas rojiblancas que marcaban la carretera, de repente el coche chocó con nieve recién caída y se detuvo en seco, enseguida entendimos el por qué de la blancura que vimos, era el polvo residual de otro alud. Tardamos un tiempo en desbloquear el coche, lo desenterramos con bastones, raquetas de nieve e incluso con nuestras propias manos, poco después apareció un quitanieves que liberó la carretera, en esta ocasión la avalancha no superó el metro, me vino a la cabeza las conversaciones con Tití, mi imaginación me hizo pensar que era este el metro de nieve al que se refería Tití.
Iker y Jose

Este post está dedicado a Iker y Jose, sin ellos esta magnífica semana de enero de 2015 no habría sido la misma.

20 enero 2015

Un extraño paseo por La Pedriza

Hay días que tienes tantas vivencias juntas que en algún instante tu cerebro llega a dudar si todas han ocurrido el mismo día, es como si no tuviera tiempo a asimilarlas juntas. Eso me pasó el otro día al final de la jornada, en el último sector hubo un momento que dudé, pues me pareció muy distante el inicio del día, pero mejor empiezo desde el principio.
Miguel en la primera del Mururoa

* * *
Empezamos el día temprano, hoy nuestra intención es visitar un par de sectores pequeños, a las ocho ponemos rumbo a la Pedriza, a pesar de que a nuestro primer sector se accede mejor desde Cantocochinos entramos por el Tranco, es una cuestión de gustos, andas un poco más pero es todo más tranquilo y menos agobiante, sobre todo por no tener que estar pendiente de la barrera del otro lado.
La mañana es fría y el camino se nos hace corto con la amena charla, pronto llegamos al Mururoa, una pequeña placa vertical con cuatro vías con algo de canto y muchas manchas de musgo que no dificultan la escalada, el sector está solitario, tras dar un rápido vistazo a las vías nos equipamos y nos metemos en ellas. Está terminando Miguel la primera cuando empezamos a oír murmullos y ladridos.
El primero en llegar es Galo, algo detrás vienen un montón de amigos, entre los saludos y el alboroto de los perros se nos olvida que estábamos aquí para trepar, subo y cierro la primera. Amablemente nos dejan meternos en la segunda, con la excusa de que nosotros vamos más rápido, a pesar de que ya han desplegado la cuerda bajo ella, circunstancia que por supuesto agradecemos.
En nuestra segunda vía del Mururoa

Tras hacerla el tiempo empeora, empieza una ligera nevada, decidimos esperar un poco, la nieve se está depositándose en las regletas de la pared y aunque no funde lo hará al contacto de nuestros dedos, mientras esperamos acontecimientos nuestros hoy compañeros de pared cierran las dos vías que tienen abiertas. Sus perros aun no deben tener definida la jerarquía, pues de vez en cuando se oye alguna que otra tarascada con el correspondiente quejido y la voz del amo del perro agresor tratando de imponer el orden, el tiempo no mejora y nuestros compañeros de tapia deciden ponen rumbo a Cantocochinos. Nosotros aguantamos un poco más, pero la leve y persistente nevada mella nuestra paciencia y nos hace poner rumbo sur.
La Foca

El segundo sector al que teníamos pensado ir es a la Foca, que está más o menos orientado al norte, aun a sabiendas de que va a estar mojado vamos a hacerle una visita, no buscamos mejor opción pues ahora mismo estará empapada cualquier pared ya sea norte o sur.
En el camino a la Foca deja de nevar y cuando estamos observando sus distintas lineas sale el sol, frente a nosotros cruzando el rio está el ahora reluciente Cancho del Ratón, decidimos ir para allá a ver como estaban sus vías pues las de las focas tardarán en secar.
Cancho de Ratón

De camino al Ratón le suelto a Miguel un… “A ver si han reequipado el sector”. Miguel no da crédito a mis palabras pues no sabía siquiera que estuviese desequipado, este hecho hace que acelere el ritmo de marcha y varíe levemente su humor.
El aumento del paso junto con el exceso de abrigo hace que en la mínima cuesta nos paremos a quitarnos ropa, en menos de media hora hemos pasado del invierno a la cálida primavera, incluso me tengo que poner un pañuelo en la frente pues el sudor busca mis ojos.
Llegamos y efectivamente el Cancho del Ratón está desequipado, no es una novedad para mí pero sí para el equipador que va conmigo, esta circunstancia hace que su humor varié aun un poco más, entiendo que a los del mismo gremio le afecten más esas cosas.
Tras estar despotricando un rato decidimos acercarnos al Risco de las Hormigas. Este sector está dividido en dos zonas, la inferir y la superior, la primera está momentáneamente ocupada, nos vamos a la de arriba a hacer un par de vías mientras se libera la inferior.

Miguel en el sector superior del Risco de las Hormigas


La primera vía que hago no es que fuera muy difícil simplemente es que no voy centrado, con tanto cambio mi cabeza no está tranquila, la subo pero decido no escalar más en el día, ya que no estoy disfrutando, me dedico a asegurar a Miguel que parece que el escalar le relaja de los últimos acontecimientos del Cancho del Ratón.
Volvemos al sector inferior, el 6c que pretende hacerse Miguel sigue ocupado, mientras se queda libre se hace el 6b de la derecha, tras esto me anima a meterme. Y bueno, la segunda negativa no soy capaz de dársela. Me meto en tope, quitando el paso de mostrador del último paso lo saco bien, bajo y me vuelvo a abrigar pues ha entrado una nube y la temperatura vuelve a bajar con rapidez, de casi estar en manga corta volvemos a los forros y las plumas.

Según estoy mirando los pegues de los que ocupan la vía me entra una duda que le pregunto a Miguel.
  • Oye Miguel, ¿Lo de Galo y sus amigos fue esta mañana verdad?

No hace falta que me conteste pues enseguida me doy cuenta de la tontería que estoy diciendo, me quedo pensando en cómo me ha llegado esa idea a la cabeza y en los intríngulis de nuestro cerebro. Mientras, los hoy compañeros de pared dejan colarse a Miguel para que se haga el 6c.

02 diciembre 2014

Peña Las Monjas, Bustarviejo

La mayoría de los escaladores a los que preguntas no han oído hablar de Las Monjas, o si las conocen nunca han subido por allí. Desde hace cuatro años yo era uno de esos del segundo grupo, sabía que existía pero nunca se me había ocurrido ir a ese en apariencia lejano y recóndito sector, Miguel me hablaba a menudo de él, sobre todo cada vez que aparecían a la vista, allá a lo lejos, en nuestras ya muchas visitas al Mondalindo u otros sectores cercanos. Las Monjas era también un tema de conversación frecuente en el bar de turno, una constante universal en nuestros proyectos, teníamos incluso una coletilla habitual cuando repasábamos sectores pendientes… “luego tenemos Las Monjas”.
Me cuenta Miguel que conoció a su principal aperturista, Alberto Castro, en el muro de Herrera Oria hace ya muchos años, estuvieron un tiempo coincidiendo mientras entrenaban. Los avatares de la vida hicieron que Alberto se fuera a vivir a Bustarviejo. Años más tarde Miguel volvió a coincidir con él en los bares de la zona de Bustarviejo, tras hacer actividad en los distintos sectores de la sierra de Canencia. En uno de esos encuentros Alberto le contó sus aperturas en Las Monjas. Miguel fue dejando el tema de visitar el sector, hasta que cierto día de lluvia subió a echar un vistazo por aprovechar la jornada, casualmente ese mismo día cuando bajó coincidió con Alberto, mientras se tomaban unos vinos hicieron los croquis sobre unas frágiles servilletas de papel en Casa Maruja, aun con una idea de las vías en su cabeza el tema volvió a enquistarse, hasta que por fin cuatro años más tarde pudo subir a escalar, y yo tuve la suerte de acompañarle.

* * *
La mañana es fría, subimos abrigados por la cuesta y por unas prendas que se van alojando en nuestras mochilas a medida que tomamos altura. No sé si vamos fuera de sendero por el ansia de llegar pronto o simplemente porque no existe un camino directo, lo cierto es que vamos buscando la mejor ruta entre la baja vegetación y los dispersos islotes de roca.
Mientras continuamos por la asilvestrada ruta nos decimos que ya buscaremos el camino bueno a la vuelta. La atracción del sector nos ha hecho obviar el sendero que utilizan los parapentistas, que debe de andar un centenar de metros a nuestra derecha.

Cuando llegas al muro principal lo primero que te impresiona es el tono ligeramente azulado que tiene la roca, recuerda al Diedro Azul de Quebrantaherraduras, solo que aquí el liquen que da el color está más extendido, no puedo resistirme a tocarlo. Una vez que te acostumbras a ver el vertical muro levemente aturquesado, instintivamente empiezas a buscar sus presas, no hace falta mirar mucho para darte cuenta de la dureza de sus vías, y pensar que hoy a este muro no le vas a poder meter mano.
A la izquierda del paño principal, en un terreno bastante tosco, se levantan un par de espolones algo más asequibles, empezamos por el más occidental, en este primero hay dos cortas vías y un diedro roto.
 Miguel en la vía 2 según croquis
 Vía 2

Vía 1
A nuestra primera vía le falta la primera chapa, Miguel tira de repertorio y coloca un cáncamo hembra del 10 que lleva en el arnés.
La roca en apariencia no tiene buena adherencia, se parece un poco a la del vecino Mondalindo, además hay algo de arena y musgo sobre ella, se nota que esto no está muy transitado, aun así hacemos bien las dos vías existentes, incluso estamos un rato probando varias veces el primer paso de la segunda vía,…ahora taloneo con la izquierda, ahora pillo aquel cacho en bavaresa,… pues esta segunda tiene distintas alternativas de entrada.


El diedro roto

Terminadas estas nos vamos al diedro de la derecha, desde debajo da la impresión de que la roca está descompuesta y encima la primera chapa está bien alta, aunque nosotros no lo hacemos viene bien meter un friend antes de llegar a ella. Según subes cambia la sensación pues se nota que la roca está saneada, aun así hay alguna presa que se mueve. Le damos 6b, o 6a+ si vas a la derecha de las chapas.

Miguel en un paso invertido del diedro roto

Después de está nos vamos al muro del norte, en este hay una fisura de manos, creo que ligeramente desplomada, limpia y con descuelgue.
A la derecha de la fisura llama la atención un conjunto de bloques superpuestos que forman una aguja, da la impresión que en cualquier momento se pueden venir abajo cual castillo de naipes.

Parecen decir…mírame y no me toques

Tras colocar cintas, friends y aliens en el arnés, Miguel se mete en la fisura.

Miguel feliz en el descuelgue

Casi al final de la fisura echa en falta un segundo Camalot azul, está apunto de bajarse pero encuentra una buena presa dentro de la fisura que le anima a seguir, tras mucho esfuerzo y varios resoplidos consigue llegar a la reunión. Baja eufórico, diciendo que es la fisura más fuerte que se ha hecho últimamente, yo no me meto pues no estoy en mi mejor momento, además ya he visto lo que le ha costado a mi compañero y prefiero no meterme a guarrear.
Seguidamente bajamos al espolón que hay a la derecha del diedro roto, aquí hacemos una curiosa vía con forma ligeramente helicoidal.
En la vía helicoidal

Podríamos decir que esta vía es un pequeño resumen de lo que es este sector, empieza con un pequeño desplome chapado con buenos agarres, continua por una fisura muy arenosa desequipada, donde entran bien los friends y que extrañamente no se van los pies, y termina casi en lo alto de la agujita. Desde aquí se aprecia lo bien situado que está Bustarviejo en su valle, esta aguja conviene repelarla (rapel volado).
Damos por terminado el día contemplando el valle desde esta pequeña cima. En el habitual aperitivo ya nos faltará siempre una frase… “luego tenemos Las Monjas”, pero seguro vendrán otras vías, otros sectores para alargar una virtual lista. Volvemos a casa escuchando a Dylan, hoy hemos elegido una ruta un poco más larga al haber terminado la actividad en buena hora, podemos así disfrutar del valle y contemplar el volar de las aves cortado por el amarillo de los otoñales árboles en el temprano atardecer.


Cómo Llegar: Yendo por la A-1 tomar la salida 57 hasta Bustarviejo, subir a la parte alta de la urbanización el Pedregal (Bustarviejo), desde allí ya son visibles las paredes. Para subir al sector es conveniente hacerlo por el camino que hay a la derecha, ya que el sendero que va recto se cierra. Una vez estamos más o menos a la altura de Las Monjas sale un desvío que girar a la izquierda y va derecho a ellas.
Croquis: Miguel aún conserva aquellas viejas servilletas de papel, al día siguiente de nuestra aventura en Las Monjas las recibí en un correo electrónico, subo una para el recuerdo.

Aquí estos de nuestra actividad:




Notas importantes:
Aunque la roca se nota saneada es conveniente palpar la roca antes de cargar el peso pues alguna presa se mueve, sobre todo en el diedro roto, ojo hay zonas arenosas.
Material, cuerda de 60, cintas y un juego de friends del 0,5 al 3, si te metes en la fisura de arriba conviene repetir el 3 y llevar los aliens rojo y gris.

Al primer seguro de la vía 2 le falta la chapa. Para esta y otras vías es conveniente llevar siempre en el arnés chapas recuperables, y en la magnesera alguna tuerca del 10, otra alternativa más rápida es la de Miguel, lleva en el arnés un cáncamo hembra de rosca 10 que ya le ha sacado de más de un apuro.

Tras un rapel volado, en la manera de lo posible conviene recuperar la cuerda lentamente, el latiguear de ella en el vacío puede hacer inoportunos nudos.