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18 abril 2016

Cancho de La Muñeca, La Pedriza

Como diría mi amigo Yago el “Abuelismo” nos acecha,… ¿Qué que es el Abuelismo? Pues el Abuelismo, así a grandes rasgos, se identifica por estos síntomas… el fondo físico baja haciéndote parecer que los sectores a los que has ido toda la vida están cada vez más lejanos, otro síntoma es que casi sin darte cuenta tus lesiones se te han hecho crónicas, y ahí está también la maldita pereza, ahora surge cada vez con más frecuencia, tienes que luchar para mantenerla a raya, pues sabes que como entre en ti se va a quedar como dueña.
Y en cuanto a la actividad del buen Abuelista,… te vas especializando según tus fuerzas, ya solo quieres ver la rica placa de los “tumbarrales” graníticos, los desplomes calizos en los que te metes son cada vez más escasos, son ya casi parte de la historia, la clásica va desapareciendo de tus proyectos, se tiene querencia a ir a sitios conocidos con relucientes líneas de chapas, y en cuanto al grado en el que te metes,... es siempre el mismo, incluso baja paulatinamente.
En el último capítulo del manual del buen Abuelista, vienen las conversaciones de bar tras la actividad, se tienen una ligera tendencia a contar las batallitas del pasado, en vez de pensar en futuros proyectos.
Lo único bueno que tiene el Abuelismo, es que se tardan muchos años en conseguir el título, en ese tiempo también coges la experiencia con la cual eres capaz de engañarlo, y de decirle: Ahí te quedas para mañana, que hoy me voy a apurar el grado con mi amigo Miguel.
Y allí fuimos olvidándonos del Abuelismo, al Cancho de La Muñeca, a un sector donde se calienta en 6b, en el que tranquilamente puedes destrozar la suela de tus gatos en algún 7a.
La experiencia es como un don, al que hay que aprender a sacarle partido. 



10 diciembre 2015

Escuchando a la roca en El Alcornocal, Pedriza

Cuando éramos niños nos gustaba ponernos a hacer galletas con nuestra madre, en la receta, a la hora de echar la harina venía una frase que se me ha quedado grabada… Harina la que te pida,… y te quedabas escuchando y decías,… ¡Mama, a mí no me pide nada!  Es que no sabes escuchar, decía nuestra madre, se escucha también con las manos, con el tacto; y tú te mirabas las pequeñas manos llenas de harinas y decías… ¡Pues aquí no hay orejas!
Esto viene a una pregunta que hizo Kiko a pie de vía el pasado lunes… ¿Vosotros como ponéis los pies, en la roca? La respuesta me hizo recordar lo que acabo de contar de mi infancia,…
Es simple, le contesté. ¡Cada presa te dice cómo has de agarrarla y cada apoyo como has de pisarlo! Me falto decirle,… ¡Simplemente hay que saber escuchar a la roca!


* * *
Hoy vamos a las placas de Miguel Angel Blanco o como llamamos los mayores, a El Alcornocal, aquí las vías son algo más duras que las de su vecino El Gusarapo, también más expuestas, por tanto, hay que ir con buena cabeza y tener bien asentado el V para llegar al primer e incluso segundo seguro de las vías más factibles.
Tras los cafés y una mínima aproximación llegamos a pie de vía.
Lo primero que hago al llegar a un sector es tocar la roca, hoy no desprende calor, por fin llegó el frío, se acabaron las excusas para no probar lo que damos de si en la adherencia, de poco sirve las horas pasadas en los rocódromos, ni las escaladas en fisuras, regletas y cachos, es el momento de escuchar a la roca, de ver si sabemos leerla, de ver si sabemos colocar el pie de gato en la forma adecuada, siempre con esa incertidumbre presente… ¿aguantará el gato? Es el momento de la llamada “fe pedricera”.
 Kiko

Vlady


Empezamos por dos vías de V con la primera chapa bien alta y una tercera vía a la que llaman La Fisura Social, que está limpia, como no traemos empotras y ya que tenemos montado el descuelgue la hacemos de segundo.
Kiko en la Fisura Social

Tras estas nos movemos a las vías de la izquierda, Mister Frikin, con la segunda chapa también alta. La parte difícil de esta vía se puede hacer de dos maneras, o agarras la alta bavaresa o subes por encima, nosotros somos tres, y cada uno a su manera.
 Kiko en Mister Frikin llegando a la pequeña bavaresa


Tras esta le pegamos al 6b de su izquierda, también sale bien.
Entre tanto nos hemos dado cuenta de que hay una vía que no viene en la guía, está a la izquierda del todo y creemos que debe andar por el 6c/6c+. Es el momento de apretar un poco. 
Vlady en la vía desconocida

Pone las cintas Vlady y los demás sacamos la vía como podemos,… ¡No se dio mal del todo, solo pisé una chapa! Aunque creo que tiene las chapas un poco a la derecha.
Se hace tarde y esta última vía ha sacado lo bueno de nosotros, es hora de ir a calentar los huesos y el estómago al bar de turno.
¡Y dices tú de alejes! La segunda chapa… la mancha negra que se ve encima del casco.

Datos técnicos:
El sector está a la entrada de la senda Maeso, si quieres hacer algún reenvío para dejar pasada la cuerda por la primera chapa (o la segunda de Mister Frirkin) mejor cuerda de 70 m.
¡Precaución, estas vías no son para principiantes! Tiene buenos alejes.

La actividad que hicimos está en este croquis de Vlady, en él puedes ver algunos M2, más croquis en la guía de Luis Santamaría.

30 noviembre 2015

¡Si las sabinas hablaran!

Hace años hice una larga excursión por la Pedriza con mi amigo Tapi, fuimos por intrincados caminos y semiabandonadas sendas, de aquello recuerdo una conversación. Tapi, que por aquel entonces llevaba más de cuarenta años andando por aquellos lugares, me comentó algo muy obvio pero que a mí no se me había pasado por la cabeza, se trataba de la evolución de los caminos. En su dilatada vida de senderista había observado como nacían, se ensanchaban, cambiaban de trazado o simplemente terminaban cerrándose por la vegetación debido al escaso tránsito.
Con las sendas verticales pasa tres cuartos de lo mismo, viendo fotos antiguas se puede ver su evolución. Algunas vías son cepilladas por los equipadores, quedan reluciente unos años hasta que la naturaleza y sobre todo su pobre transito las vuelven a embutir en zarzas y musgo, en cambio otras, en las que el equipador a lo mejor no se ha esmerado tanto en su limpieza, van evolucionando, no sé si a mejor o a peor, el caso es que con el tránsito va desapareciendo el musgo; arbustos, raíces y ramas van cayendo, los cantos se van rompiendo y la roca se va puliendo, y ahí siguen las vías, algunas incluso con anacrónicas graduaciones debida a la mencionada evolución.

Javi en la placa del 9 junto a un testigo de la evolución


P.D. La foto es del pasado sábado 28 noviembre, ya pasados todos los llamados “veranillos”. Javi no acostumbra a escalar sin camiseta, pero llevaba una térmica negra y el excesivo calor le hizo escalar sin ella, en la hablada evolución puede entrar también el cambio climático, como sigamos así la escalada de adherencia en orientación sur… por la noche y a la luz de la luna.

20 enero 2015

Un extraño paseo por La Pedriza

Hay días que tienes tantas vivencias juntas que en algún instante tu cerebro llega a dudar si todas han ocurrido el mismo día, es como si no tuviera tiempo a asimilarlas juntas. Eso me pasó el otro día al final de la jornada, en el último sector hubo un momento que dudé, pues me pareció muy distante el inicio del día, pero mejor empiezo desde el principio.
Miguel en la primera del Mururoa

* * *
Empezamos el día temprano, hoy nuestra intención es visitar un par de sectores pequeños, a las ocho ponemos rumbo a la Pedriza, a pesar de que a nuestro primer sector se accede mejor desde Cantocochinos entramos por el Tranco, es una cuestión de gustos, andas un poco más pero es todo más tranquilo y menos agobiante, sobre todo por no tener que estar pendiente de la barrera del otro lado.
La mañana es fría y el camino se nos hace corto con la amena charla, pronto llegamos al Mururoa, una pequeña placa vertical con cuatro vías con algo de canto y muchas manchas de musgo que no dificultan la escalada, el sector está solitario, tras dar un rápido vistazo a las vías nos equipamos y nos metemos en ellas. Está terminando Miguel la primera cuando empezamos a oír murmullos y ladridos.
El primero en llegar es Galo, algo detrás vienen un montón de amigos, entre los saludos y el alboroto de los perros se nos olvida que estábamos aquí para trepar, subo y cierro la primera. Amablemente nos dejan meternos en la segunda, con la excusa de que nosotros vamos más rápido, a pesar de que ya han desplegado la cuerda bajo ella, circunstancia que por supuesto agradecemos.
En nuestra segunda vía del Mururoa

Tras hacerla el tiempo empeora, empieza una ligera nevada, decidimos esperar un poco, la nieve se está depositándose en las regletas de la pared y aunque no funde lo hará al contacto de nuestros dedos, mientras esperamos acontecimientos nuestros hoy compañeros de pared cierran las dos vías que tienen abiertas. Sus perros aun no deben tener definida la jerarquía, pues de vez en cuando se oye alguna que otra tarascada con el correspondiente quejido y la voz del amo del perro agresor tratando de imponer el orden, el tiempo no mejora y nuestros compañeros de tapia deciden ponen rumbo a Cantocochinos. Nosotros aguantamos un poco más, pero la leve y persistente nevada mella nuestra paciencia y nos hace poner rumbo sur.
La Foca

El segundo sector al que teníamos pensado ir es a la Foca, que está más o menos orientado al norte, aun a sabiendas de que va a estar mojado vamos a hacerle una visita, no buscamos mejor opción pues ahora mismo estará empapada cualquier pared ya sea norte o sur.
En el camino a la Foca deja de nevar y cuando estamos observando sus distintas lineas sale el sol, frente a nosotros cruzando el rio está el ahora reluciente Cancho del Ratón, decidimos ir para allá a ver como estaban sus vías pues las de las focas tardarán en secar.
Cancho de Ratón

De camino al Ratón le suelto a Miguel un… “A ver si han reequipado el sector”. Miguel no da crédito a mis palabras pues no sabía siquiera que estuviese desequipado, este hecho hace que acelere el ritmo de marcha y varíe levemente su humor.
El aumento del paso junto con el exceso de abrigo hace que en la mínima cuesta nos paremos a quitarnos ropa, en menos de media hora hemos pasado del invierno a la cálida primavera, incluso me tengo que poner un pañuelo en la frente pues el sudor busca mis ojos.
Llegamos y efectivamente el Cancho del Ratón está desequipado, no es una novedad para mí pero sí para el equipador que va conmigo, esta circunstancia hace que su humor varié aun un poco más, entiendo que a los del mismo gremio le afecten más esas cosas.
Tras estar despotricando un rato decidimos acercarnos al Risco de las Hormigas. Este sector está dividido en dos zonas, la inferir y la superior, la primera está momentáneamente ocupada, nos vamos a la de arriba a hacer un par de vías mientras se libera la inferior.

Miguel en el sector superior del Risco de las Hormigas


La primera vía que hago no es que fuera muy difícil simplemente es que no voy centrado, con tanto cambio mi cabeza no está tranquila, la subo pero decido no escalar más en el día, ya que no estoy disfrutando, me dedico a asegurar a Miguel que parece que el escalar le relaja de los últimos acontecimientos del Cancho del Ratón.
Volvemos al sector inferior, el 6c que pretende hacerse Miguel sigue ocupado, mientras se queda libre se hace el 6b de la derecha, tras esto me anima a meterme. Y bueno, la segunda negativa no soy capaz de dársela. Me meto en tope, quitando el paso de mostrador del último paso lo saco bien, bajo y me vuelvo a abrigar pues ha entrado una nube y la temperatura vuelve a bajar con rapidez, de casi estar en manga corta volvemos a los forros y las plumas.

Según estoy mirando los pegues de los que ocupan la vía me entra una duda que le pregunto a Miguel.
  • Oye Miguel, ¿Lo de Galo y sus amigos fue esta mañana verdad?

No hace falta que me conteste pues enseguida me doy cuenta de la tontería que estoy diciendo, me quedo pensando en cómo me ha llegado esa idea a la cabeza y en los intríngulis de nuestro cerebro. Mientras, los hoy compañeros de pared dejan colarse a Miguel para que se haga el 6c.

18 noviembre 2014

Riscos de El Avión, La Pedriza

Decía Alfred Hitchcock que una película es como la vida, pero sin los momentos aburridos, creo que los que escalamos tenemos pocos momentos aburridos, pues cuando llega la tranquilidad diaria la solemos llenar con recuerdos y con la búsqueda de nuevos proyectos. Vivimos tan intensamente la escalada que nos hace falta tiempo para asimilar e integrar todo en el mismo día. Sin ir más lejos ayer me costó salir de mis pensamientos al llegar a mi parada de Metro, me veía con Miguel allá arriba reviviendo nuestra aventura en aquel frío y venteado espolón del Avión.
Aunque algunas veces estas vivencias son tan fuertes que siento extrañas paradojas, sobre todo cuando le ves las orejas al lobo. Cuando estás allá arriba en una situación comprometida, te preguntas,… ¿Qué hago yo aquí? Con lo a gusto que estaría en casa viendo una película, tumbado en ese viejo sofá azul que ya tiene mi forma. El caso es que cuando estoy en el sofá me viene la idea contraria,… ¿Qué hago yo aquí? ¡Vaya manera de perder el tiempo! Con lo bien que estaría en la Pedriza, compartiendo cuerda con un buen amigo y una buena vía bajo mis gatos. En fin, siempre será mi eterna paradoja, con el paso de los años he aprendido a aceptarla, ya no la pretendo resolver simplemente vivo con ella cuando viene.

* * *
La aventura de hoy empezó precisamente en uno de esos momentos tranquilos de hace ya muchas semanas, navegando por la red vi el croquis que tiene colgado Uge en su web, lo cogí como tantos otros, y lo dejé madurando en mi archivo de vías pendientes.
Allí estaba durmiendo el sueño de los justos hasta que Miguel, ya camino de la Pedriza, me preguntó que donde quería ir, El Avión fue una de las opciones que le di, él aceptó pues a pesar de que ya tiene hechas todas sus vías, hacía más de cinco años que no pasaba por allí.
Con esto después de tomarnos nuestro café reglamentario pusimos rumbo al sector. A pesar de que compartimos camino con mucha gente que subía al Yelmo, en las placas cercanas a nuestra ruta no vimos a nadie, quizás fuera porque el día era gris y habían anunciado lluvia.
Placa del Avión (dcha.) y espolones (izq.)
Tras la aproximación dejamos los macutos arriba ya que entrar por debajo es mucho más complicado debido al caos de bloques existente, como es lógico cuando llegas arriba lo primero que tenemos que hacer para empezar a trepar es rapelar a la base de la placa del Avión, par de rápeles y pie de vía, desde aquí se puede ver un peregrinaje constante de gente hacia la gran cañada, alguna que otra cabra merodeando por los inexpugnables riscos bajeros y negros buitres sobrevolando nuestras cabezas.

Nuestro pie de vía es sencillo, un par de robles y sus ocres hojas deambulando por cielo y suelo ambientando el otoñal día.

Después de darle un recorrido visual a la placa empezamos por la vía Mister Mark Knopfler, si no le importa, V+, aunque el pasito de entrada bien le podíamos dar 6a, está bien equipada, la hacemos del tirón y la rapelamos en dos tandas cada uno en nuestro turno, pues la vía tendrá unos 50m y nuestra cuerda es de 60m. Es la única vía que hoy hacemos para calentar, aunque eso de calentar no sé, pues por aquí hoy el sol no calienta mucho.

Vía...Mark Knopfler...

Continuamos con una vía desconocida de 6c que hay a la izquierda del paño, 30m, es de adherencia y tiene un aleje final importante. Miguel me recomienda hacerla de segundo, a mí no se me ocurre discutir... puf! Sí que es importante el aleje.
Vía Desconocida
Terminada esta no vamos a la vía de la fisura Pascual, V, también de unos 50m, está semiequipada con tres seguros antiguos y no es difícil, quizás la dificultad estriba en ver si aguantas los dolores y el crujir de los metatarsianos dentro de tus gatos al hacer los empotramientos, yo no los aguanto bien, lo mío no es el empotrar y cada vez que hay ocasión saco los pies “al aire”.


Fisura Pascual

Esta vía la equipa Miguel, hasta los seguros fijos que hay casi al final de vía, baja, la repito yo y una vez que llego al descuelgue vuelve a subir él. Con esta maniobra los dos la hacemos de primero y los dos nos quedamos arriba junto a nuestros macutos.
Sobre nuestras cabezas hay ya alguna que otra nube negra, incluso ya he visto llover en el valle mientras relajaba los pies en medio de la fisura agarrado al friend del 3. Por un momento pienso en dar por terminado el día, pero las oportunidades las pintan calvas, y a saber cuándo voy a poder volver por aquí.
Miguel dice de continuar con hechos, pues va en busca de la última reunión del espolón izquierdo del Avión sin insinuar nuestra retirada, al final descubrimos el descuelgue bastante abajo, está justo a la derecha y abajo, en un espolón acanalado en el centro, para bajar a ella montamos descuelgue en el solitario bloque que hay arriba. Al recuperar la cuerda de este primer rapel se nos engancha, desde aquí es fácil sacarla, pero para evitar futuros enganchones en el resto de los rápeles conducimos la cuerda con algún mosquetón que va metiendo Miguel de vez en cuando en los viejos spits. Bajamos con cuerda de 60m, nos toca hacer precarios rapeles, prefiero no contar nuestra técnica y recomendar bajar con cuerdas dobles.
Primer Rapel con la piscinita típica "para mojar la cuerda"... siguiendo la Teoría de Murphy

Por fin abajo. Nuestro primer largo empieza bajo un árbol seco con bastante musgo húmedo a su alrededor, misteriosamente ninguno de los dos resbalamos al pasar por allí, continua con una fisura a equipar que se puede hacer en bavaresa, y con un paso duro por la izquierda o más fácil por la derecha asegurado por un roñoso spit. Miguel para en el cáncamo que hay cercano a la reunión, en mi turno llego a la R1 asegurada solo por un oxidado spit y el casquillo de otro.
Pie del espolón izquierdo, L1 (30m aprox.)

En la bavaresa, la cinta que se ve es la que pusimos para conducir la cuerda en el rapel

Inicio del segundo largo

Fin del segundo largo (60m aprox.) vuelta a la piscina

El segundo largo me toca, se me da bien hasta que llego al resalte de 6a+, pese a que le doy varios pegues, el frío, el viento y creo que también mi cabeza hacen que el paso suba un par de grados, bajo y se lo dejo a Miguel, según llega al paso las condiciones empeoran pues ha empezado a llover, Miguel monta un pedal y remata el largo con autoridad. Recogemos rápido y bajamos por el camino del Yelmo, llegamos algo tarde a casa Julian, tenemos el tiempo justo para tomarnos algo y salir corriendo a comer a Madrid.
La actividad de hoy ha sido bestial y no puedo negar que he quedado saturado de clásica, al menos por un par de días, aun así estoy contento y pletórico por la actividad, curiosamente a pesar de la dureza del día no me ha venido a la mente la paradoja del sofá, quizás porque la de hoy ha sido una aventura especial.
Tengo claro que esta aventura no la hubiera podido hacer sin ti, gracias Miguel.

Notas importantes:
-Para el espolón es conveniente llevar el grado asentado pues hay muchos seguros oxidados donde es preferible no comprobar su estado con una caída, en la R1 ha saltado un spit… no vendría mal una reequipación.
-Si rapelas la vía para luego subirla hay grandes posibilidades de que se te enganche la/las cuerdas en los laterales del espolón, lo mejor es ir dirigiendo la cuerda con mosquetones alternos en los seguros existentes, en el último largo puedes dejar incluso las cintas puestas y pasar la cuerda por ellas dirigiendo la caída de ella.
-Aunque se puede subir con cuerda de 60 m, para evitar contingencias es recomendable ir con cuerdas dobles, sobre todo si empiezas rapelando la vía.
-Aparte de la cuerda es conveniente llevar un juego de friends hasta el tres, (si te metes en la fisura Pascual no viene mal llevar repetido el tres), una docena de cintas, algunos mosquetones sueltos para dirigir la cuerda caso de empezar rapelando (que se recuperarán en la subida) y alguna cinta para improvisar un pedal.


Croquis y accesos: Los de placa del Avión están en la guía Vías Conocidas y Desconocida de la Pedriza, de Tino Núñez. De los Espolones del Avión, Uge tiene uno muy bueno que tiene colgado de su web.

04 noviembre 2014

El Dante, La Pedriza

Aunque sea algo rebuscado, podríamos tener cierta analogía del día de hoy con la Divina Comedia, la obra maestra de Dante. Hoy hemos tenido nuestro infierno particular, por el inusual calor que ha hecho en esta cara sur aun estando ya bien avanzado octubre, también hemos tenido nuestro pequeño purgatorio en la aproximación, tanto al sector como a algunos de sus pies de vías, y por fin nuestro especial paraíso, por la siempre extraña belleza de las líneas de estos riscos y sobre todo, por la evasión al mundo surrealista que nos provoca siempre la Pedriza. Pero si me dan a elegir hacer un buen símil, prefiero hacerlo con la palabra de su obra, “Comedia”. Dante eligió definir así su obra porque en su viaje a los sobrenaturales mundos todo acababa bien, como en una comedia. Nosotros en el día de hoy hemos sabido rectificar estrategias equivocadas al no subir o desmontar la vía en su tiempo, hemos solucionado inoportunos enganchones de cuerdas entre rocas, hemos resuelto desmontajes de vías con delicados péndulos, tampoco podía faltar algún que otro inoportuno vuelo de poca importancia. Al final todo acabo bien, pudimos celebrar nuestra particular comedia con unos vinos bajo un chamizo, ya en el mundo que nosotros creemos real.
Manolo en La Super Abuela

* * *

Suele ocurrir que cuando vas más pendiente de la charla que del camino al final pierdes la senda, también suele ocurrir que cuando te das cuenta intentas recuperarlo atrochando entre árboles, jaras y buscando con la vista el deseado risco, vas diciéndote u oyendo decir, teníamos que haber cogido el desvío de abajo. Al final llegas a destino con más sudor en la camiseta de lo previsto, con tus piernas y brazos arañados por las ramas de los atajos y con las manos y ropa pringadas por la esencia de las jaras.
Terminando nuestra penosa aproximación, cercano ya a nuestro risco, nos encontramos a los que bien podían ser los guardianes del Dante, un recio montañero y su famélico galgo, han pasado noche en un incómodo vivac cercano, nos saludan con la frescura que nosotros no llevamos. En el resto del día no vimos a nadie, lo más unos entrecortados e ininteligibles rumores procedentes del vecino Cancho de los Muertos.
Tras el tortuoso camino llegamos al pie del risco principal del Dante, en este sobresale la vía de Los Profesionales, es la línea lógica para subir a la cima del risco oriental, la que hubiéramos dibujado todos con la vista de no estar abierta.
 Fernando asegurando a Miguel en los Profesionales, 6a


Fernando en Los Profesionales


Miguel deja la vía montada y mientras la repiten Fernando y Manolo, el resto nos vamos en busca de otras líneas a nuestra izquierda, para llegar a ellas hay que andar entre enormes bloques y musgosas placas, pese a la cercanía de las vías los accesos no son evidentes, incluso yo diría que tienen algún expuesto paso de escalada con patio donde no puedes relajarte al ir sin cuerda.
 Miguel en La super abuela

Menda en La Super Abuela

Llegamos a nuestra segunda vía, La Super Abuela, le damos 6a+, una vía equipada con tensores químicos que va por una oblicua e inclinada fisura, tiene mucho romo, poco canto y regulares empotramientos, si tienes guantes súbelos, tu mano derecha te lo agradecerá.
 Yago chapando a mano cambiada :)


Rapel de La Super Abuela

Comentar que esta vía no la puede cerrar un novato, pues tiene péndulo y es expuesto recuperar el material, aunque le aseguramos desde abajo, sufrimos viendo a Fernando limpiar la vía mientras rapelaba.
 Miguel asegurando a Fernando en Quítame la vida antes que la comida

 Menda en Quítame la vida antes que la comida

 Yago diciendo: Hijo mio algún día todo lo que ves será tuyo :)

Manolo asegurado por Yago

Continuamos con la vía Quítame la vida antes que la comida, 6a, está es más fácil pero también tiene los seguros más distantes, quizás sea M1+, no viene mal que el asegurador se ancle al primer seguro de la vía con un alargue, en está ya vamos notando el calor, pues los gatos pese a guardarlos en sombra ya no se fijan bien a la roca en los pasos de adherencia. En mi turno llego arriba con los ojos llenos de sudor, el pañuelo que llevo en la frente dejo de absorberlo a media vía.
Miguel y Fernando rematan con la vía Por los Cuernos de Belcebú, 6a+ le dan, por el paso de quitarte del medio el techito, en esta vía se les enganchó la cuerda y hubo que subir con la otra que llevábamos para desengancharla.
 Miguel en Por los Cuernos de Belcebú

Fernando

En lo que tardan en desenganchar la cuerda el calor aprieta un poco más y los ánimos terminan por enfriarse, esto está apunto de parecerse a un dantesco infierno nunca mejor dicho. Yago y yo nos quedamos sin hacer la vía de Los Profesionales, decidimos dejarla para cuando caliente menos este extraño otoño.
Agobiados por el calor

El Bueno de Miguel se ofrece en ir a recuperar el material, toma una de las cuerdas y se va por detrás a retirarlo con un rapel.
Nos bajamos, por el camino hablamos de las cercanas pozas y de los bañadores ya guardados en los armarios, en fin una conversación impropia de las fechas en la que estamos. A falta de baños donde mejor se está ahora es en el chiringuito del valle, bajo la sombra de los cañizos, con una buena cerveza entre manos y planeando nuevas aventuras, buscando siempre nuestro particular paraíso, o simplemente nuestra divina comedia.
Miguel

Cómo llegar: Desde Cantocochinos tomar el camino que va al Cancho de los Muertos, el Dante está justo a la izquierda de este, según subes.
Croquis: Están tanto en la guía de Ignacio Luján y David Zapata (La Biblia) como en la de Luis Santamaría.
Notas importantes:
- ¡Ojo! Las vías son de más de 30m, es indispensable utilizar cuerda de 70m.
- Para bajar recuperando el material de la vía La Súper Abuela, gracias a que está equipada con tensores químicos, puedes partir el rapel en dos, es más lento pero disminuyes el péndulo considerablemente. Ojo también hay péndulo aunque no recuperes material.
- Mucho cuidado con la aproximación a los pies de vía de las líneas de la izquierda…te darás cuenta cuando lo veas, nosotros incluso bajamos de ellas con los gatos puestos.
- Para entrar por detrás a montar o desmontar Los Profesionales es muy recomendable conocer el camino (hay un rapel intermedio).
Nota: Las fotos son de Manolo y mías

14 octubre 2014

El Pingüino, La Pedriza

Llega el otoño, el sol parece que se aletarga, las plantas amarillean y sueltan hojas y frutos, poco a poco se van acomodando a su descanso invernal. Por nuestra senda hay muchas encinas que empiezan a soltar sus bellotas, ahí están las cabras para aprovecharlas, esos seres de extraños ojos con los que compartimos cielo, caprichosos riscos y hoy los húmedos paños de la Pedriza. Viéndolas parece que el andar por las musgosas placas es cosa sencilla. Cuando nos acercamos a la base del Pingüino se alejan mirándonos de reojo, aunque no sé, quizás no nos miren a nosotros, quizás miren ese puñado de bellotas que acabamos de soltar al rozarlas con nuestros macutos, en fin, son pacientes y en pocas horas vendrán a por ellas.
Manolo en Bambara

* * *
Este otoño empezamos la actividad pedricera en el Pingüino, un recóndito conjunto de riscos no muy conocido situados detrás de la llamada placa del nueve. Digo conjunto pues a grandes rasgos el sector está dividido en tres zonas, la central en la que Ignacio Lujan en su croquis ha reseñado diez vías; la zona derecha, cercana al Cancho Perru, en la que reseña tres y a la izquierda de la central en la se pueden ver cuatro. Esta última zona la dejamos pendiente para otra ocasión, debe ser buena, pues estando trepando en las vías del centro, pasaron hasta ocho personas a por ellas. Nos quedamos intrigados del porqué todos iban para el mismo lugar, buenas vías deben haber allí… o igual un poco más para allá.
Hoy subimos Manolo, Miguel y yo. Ayer llovió y aunque la tierra aún está algo húmeda los paños están en perfectas condiciones, hay algo de musgo pero es fácilmente sorteable.
Vía Bambara

Vía Junco

Empezamos con Bambara, 6a y Junco, V+ dos vías similares situado en un negruzco paño salpicado de manchones blancos, donde predomina el microcanto y la ñapa pedricera, vienen fenomenal para calentar e ir recordando cómo era esto de trepar por placa pedricera.
A la disminuida luz de la estación hay que añadir las nubes cargadas de agua sobre nuestras cabezas que oscurecen un poco más el día, de vez en cuando las nubes dejan soltar tímidas gotas, lo justo para hacernos dudar de seguir o no trepando... a ver si aguanta un poquito!



Con la mosca detrás de la oreja continuamos por Bergfalken, 6a+ y Yugurunga, 6a, estas dos vías ya tienen algo de canto y son más verticales al inicio, luego tumban un poco y a tirar nuevamente de adherencia.
Bonita y estética vía esta Yugurunga, sus formas parecen olas petrificadas en un inmenso mar de granito, las cuatro gotas que nos caen ayudan a imaginar el romper de las olas.
Entre las olas de Yugurunga

Rematamos esta zona del paño con Pepinhos Brown, 6c; Miguel la saca bien, el resto a sufrir.
 Miguel en Pepinhos Brown

El caso es que desde abajo los pasos parecen evidentes y subes con la idea predefinida,… fisurita lateral, pasito ahí, pinzás el bloque por debajo, luego lo agarras por encima, lo superas y para arriba a la fácil placa. Pero como dicen ahora en el futbol,… no termino de definir bien.
Acabada esta nos vamos en dirección al Cancho Perru, detrás de unos bloques aparece el sector derecho del Pingüino, ya a su pie la placa parece que tumba, sensación que pierdes justo cuando llegas a la primera chapa, y aunque sea reiterativo por estos lugares te viene el mismo pensamiento de siempre,... parecía más tumbado desde abajo!
Aquí, nos hacemos V-Twin, 6b.

Miguel en V-Twin
Se hace tarde y el cielo cada vez está más negro, decidimos dar la jornada por buena, plegamos cuerda y repartimos material.
Antes de irnos le doy un deliberado cimbreado a un par de ramas, pues he visto que las cabras empiezan a asomar sus cabezas en busca de su ración de bellotas.

Cómo llegar: Desde el tranco subir por la senda que va a la placa del 9, una vez allí tomar la trocha que sale por su derecha, enseguida aparecerá una placa negruzca con chapas, estas en la zona central del Pingüino.
Croquis: Este es el que aparece por la red, es de Ignacio Luján.


Material: Vías de deportiva, aparte del equipo personal, con una cuerda de 60 m, reunión y una docena de cintas es suficiente.
Nota: Las fotos son de Manolo y mías.