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10 diciembre 2015

Escuchando a la roca en El Alcornocal, Pedriza

Cuando éramos niños nos gustaba ponernos a hacer galletas con nuestra madre, en la receta, a la hora de echar la harina venía una frase que se me ha quedado grabada… Harina la que te pida,… y te quedabas escuchando y decías,… ¡Mama, a mí no me pide nada!  Es que no sabes escuchar, decía nuestra madre, se escucha también con las manos, con el tacto; y tú te mirabas las pequeñas manos llenas de harinas y decías… ¡Pues aquí no hay orejas!
Esto viene a una pregunta que hizo Kiko a pie de vía el pasado lunes… ¿Vosotros como ponéis los pies, en la roca? La respuesta me hizo recordar lo que acabo de contar de mi infancia,…
Es simple, le contesté. ¡Cada presa te dice cómo has de agarrarla y cada apoyo como has de pisarlo! Me falto decirle,… ¡Simplemente hay que saber escuchar a la roca!


* * *
Hoy vamos a las placas de Miguel Angel Blanco o como llamamos los mayores, a El Alcornocal, aquí las vías son algo más duras que las de su vecino El Gusarapo, también más expuestas, por tanto, hay que ir con buena cabeza y tener bien asentado el V para llegar al primer e incluso segundo seguro de las vías más factibles.
Tras los cafés y una mínima aproximación llegamos a pie de vía.
Lo primero que hago al llegar a un sector es tocar la roca, hoy no desprende calor, por fin llegó el frío, se acabaron las excusas para no probar lo que damos de si en la adherencia, de poco sirve las horas pasadas en los rocódromos, ni las escaladas en fisuras, regletas y cachos, es el momento de escuchar a la roca, de ver si sabemos leerla, de ver si sabemos colocar el pie de gato en la forma adecuada, siempre con esa incertidumbre presente… ¿aguantará el gato? Es el momento de la llamada “fe pedricera”.
 Kiko

Vlady


Empezamos por dos vías de V con la primera chapa bien alta y una tercera vía a la que llaman La Fisura Social, que está limpia, como no traemos empotras y ya que tenemos montado el descuelgue la hacemos de segundo.
Kiko en la Fisura Social

Tras estas nos movemos a las vías de la izquierda, Mister Frikin, con la segunda chapa también alta. La parte difícil de esta vía se puede hacer de dos maneras, o agarras la alta bavaresa o subes por encima, nosotros somos tres, y cada uno a su manera.
 Kiko en Mister Frikin llegando a la pequeña bavaresa


Tras esta le pegamos al 6b de su izquierda, también sale bien.
Entre tanto nos hemos dado cuenta de que hay una vía que no viene en la guía, está a la izquierda del todo y creemos que debe andar por el 6c/6c+. Es el momento de apretar un poco. 
Vlady en la vía desconocida

Pone las cintas Vlady y los demás sacamos la vía como podemos,… ¡No se dio mal del todo, solo pisé una chapa! Aunque creo que tiene las chapas un poco a la derecha.
Se hace tarde y esta última vía ha sacado lo bueno de nosotros, es hora de ir a calentar los huesos y el estómago al bar de turno.
¡Y dices tú de alejes! La segunda chapa… la mancha negra que se ve encima del casco.

Datos técnicos:
El sector está a la entrada de la senda Maeso, si quieres hacer algún reenvío para dejar pasada la cuerda por la primera chapa (o la segunda de Mister Frirkin) mejor cuerda de 70 m.
¡Precaución, estas vías no son para principiantes! Tiene buenos alejes.

La actividad que hicimos está en este croquis de Vlady, en él puedes ver algunos M2, más croquis en la guía de Luis Santamaría.

30 noviembre 2015

¡Si las sabinas hablaran!

Hace años hice una larga excursión por la Pedriza con mi amigo Tapi, fuimos por intrincados caminos y semiabandonadas sendas, de aquello recuerdo una conversación. Tapi, que por aquel entonces llevaba más de cuarenta años andando por aquellos lugares, me comentó algo muy obvio pero que a mí no se me había pasado por la cabeza, se trataba de la evolución de los caminos. En su dilatada vida de senderista había observado como nacían, se ensanchaban, cambiaban de trazado o simplemente terminaban cerrándose por la vegetación debido al escaso tránsito.
Con las sendas verticales pasa tres cuartos de lo mismo, viendo fotos antiguas se puede ver su evolución. Algunas vías son cepilladas por los equipadores, quedan reluciente unos años hasta que la naturaleza y sobre todo su pobre transito las vuelven a embutir en zarzas y musgo, en cambio otras, en las que el equipador a lo mejor no se ha esmerado tanto en su limpieza, van evolucionando, no sé si a mejor o a peor, el caso es que con el tránsito va desapareciendo el musgo; arbustos, raíces y ramas van cayendo, los cantos se van rompiendo y la roca se va puliendo, y ahí siguen las vías, algunas incluso con anacrónicas graduaciones debida a la mencionada evolución.

Javi en la placa del 9 junto a un testigo de la evolución


P.D. La foto es del pasado sábado 28 noviembre, ya pasados todos los llamados “veranillos”. Javi no acostumbra a escalar sin camiseta, pero llevaba una térmica negra y el excesivo calor le hizo escalar sin ella, en la hablada evolución puede entrar también el cambio climático, como sigamos así la escalada de adherencia en orientación sur… por la noche y a la luz de la luna.

18 noviembre 2015

Agujas de Valdemanco, vías, buitres y otras películas

En alguna ocasión he comentado la gran atracción que ejerce sobre mí la sierra de la Cabrera, concretamente las Agujas de Valdemanco, cualquier excusa es buena para subir por allí en busca de una nueva aventura, en esta ocasión fuimos con la intención de probar una vía en concreto de Punta Laura, la última vez que subimos por aquí vimos una línea de parabolts a la derecha de la Directa Salcedo-Sánchez, los seguros estaban relucientes y pensamos que podía ser una vía nueva, tras consultar con uno de los mayores conocedores de la zona, Juan Luis Salcedo, nos confirmó algo que alguno sospechaba… que era una reequipación de la Casquet-Becquer-Vivanco, la vía se ha salido un tanto de la línea original, quizás para salvar un nuevo nido de buitre que hay en la primitiva primera reunión, o quizás porque el reequipador pensó que la línea era más estética por el espolón. Con la idea de subir por esa “nueva línea” iniciamos la visita de hoy. Subimos algo tarde pues anoche algunos estuvimos de jarana, pero esa no fue la excusa para que nunca llegásemos a pie de vía.


Eloy en Merlayn

* * * 
En la subida tuvimos una sorpresa, la antigua pista de los canteros es ahora más ancha e incluso está señalizada con estacas refractantes, arriba han hecho una rotonda, entiendo que para que los vehículos que la transitan puedan dar la vuelta. A la izquierda, antes de llegar a la Peña del Cuervo, hay un campamento turco, si habéis leído bien, un campamento turco, por los visto es uno de los escenarios de rodaje de la película “The Promise”.

"Campamento turco"

No soy quien para oponerme al rodaje de una película, que entiendo dejará beneficios a los vecinos de aquellos lugares, solo espero que dejen aquello como estaba y ayuden a la naturaleza a recuperarse tras el rodaje.
Al llegar a las agujas lo primero que sorprende es la cantidad de buitres que hay, ha debido ser un año prolífico, cada día se ven más por estos lugares, precisamente Gustavo Cuevas, uno de los equipadores y reequipador de la línea que pretendemos subir, comenta en la guía que no se ven nidos en las agujas, posteriormente Juan Luis comenta en su guía, editada en 2005, que hay cuatro nidos. Hoy no sé los que hay, pero así a primera vista parece que hay más de veinte aves.
Tras observar su majestuoso vuelo nos vamos a calentar en las vías Rebeca e Inviernos, dos vías que rondan el 6a. En mis últimas visitas viene siendo habitual empezar por este par de vías, y más hoy, que ninguno de los que me acompañan las conocen.
Vía Rebeca

Al llegar Javi y Eloy eligen la vía Rebeca. Yago y yo nos metemos en la que queda libre.
Tras estas ponemos rumbo a Punta Laura, pero el destino, o más bien mí hoy condición de cicerone, hacen que al pasar por la cara sur del Cancho Moñiga les muestre con detalle las vías, alguien comenta de hacer alguna y mi extraña atracción por la vía Garañón, 6b, hace el resto.
No sé lo que tendrá esta vía, cada vez que la subo saca en mí dispares sensaciones, un día me tuve que bajar porque no veía nada, otro tuve una alegría inmensa al encadenar, otro… ¡Venga va, aunque estoy matao’ subo de segundo! …y la haces de segundo y se te quita el matao’ de un soplo.

Vía Garañón

Hoy la subo estudiando y analizando cada paso como si fuera un problema matemático. El caso es que la he hecho cuatro veces, bueno tres y un pegue, y he tenido una sensación distinta en cada una de ellas. Es como si esta vía, me mostrara el estado de ánimo con el que voy cada día, una vía emocional la podía llamar.
Yago en Garañón

Tras esta hacemos también la Merlayn, 6b/6b+, en la que ha puesto las cintas Javi mientras yo hacía lo propio con la Garañón.
Eloy chapando en Merlayn

Javi no quiere dejar de hacer la Gandalf, 6a+, le entra por los ojos, y ninguno le quitamos la idea. Cuando nos queremos dar cuenta la luz está empezando a flojear, en esta época del año anochece muy pronto, decidimos bajar, nos consuela pensar que ya habrá ocasión de hacer la “nueva” Casquet-Becquer-Vivanco, queda en cuentas pendiente, espero que ese día no esté muy lejano.
 Vía Gandalf

 Javi, pasando el murito de la Gandalf

Datos técnicos:
A pesar de que rompí un canto en la Merlayn (no sube el grado de la vía), y que hay otro a punto de romperse en el último tramo de la Garañón (ojo, en el último tercio de la vía, a la derecha, hay un canto que se mueve), el granito de estas vías es bueno, entiendo que estas fracturas se deben al clima extremo y a la poca afluencia de escaladores por la zona. Los grados propuestos en el post son orientativos, medio grado arriba o abajo coinciden con los de la guía, vías de corte deportivo equipadas con espit, prever de 12 a 14 cintas para los primeros largos de las vías del Cancho Moñiga. En este blog viene más información de esta zona, pincha la etiqueta Agujas de Valdemanco y la obtendrás.

La historia, croquis y otros temas de estos lares están en la guía de Juan Luis Salcedo.

23 julio 2015

Secretivos en el Mar de Tetis

Durante el jurásico, hace ya millones de años, dos de los continentes por aquel entonces existentes colisionaron, entre otras cosas aquel choque produjo una gran depresión a la que llamamos la fosa de Tetis, el agua cubrió dicha fosa con mares poco profundos, con el paso de los siglos en dichos mares se fue acumulando desechos coralinos y otros materiales sedimentarios calizos, un posterior movimiento orogénico dejo toda aquella caliza libre de aguas.
De norte a sur pasando por el levante de la hoy península ibérica, semejante a una media luna en fase creciente, estaba parte de ese antiguo y desaparecido mar de Tetis, en estos lugares se elevan ahora valles, llanuras y grandes y conocidas paredes calcáreas vestigios de aquellos sedimentos, también hay otros recónditos lugares menos conocidos con pequeñas paredes de cierto encanto.
Para mí fue toda una aventura dar con ellos siguiendo pequeños mapas, difusas anotaciones o acompañando a algún amigo que había conseguido la información por el boca a boca. A todos ellos fuimos sin croquis, sin saber el grado de las vías. Era llegar a pie de vía y decir… esta parece factible, y allí que nos metíamos. Hoy resumo en este post tres de aquellas salidas.

Eloy en un paso de Bloque

* * *
- La primera de estas zonas la conocí en diciembre de 2013, hacía frío y la escarcha cubría todo el paisaje, seguíamos a Jorge, de vez en cuando Jorge paraba buscando unas referencias para nosotros inexistentes. Una vez orientado cambiábamos de dirección y continuábamos sus firmes pasos, nos fiábamos de su instinto, que remedio, habíamos decidido seguirlo aunque no tuviera éxito. Ya iba yo pensando que si no encontrábamos el sector al menos nos contentáriamos con un invernal paseo, cuando apareció el cañón ante nosotros. A su entrada estaba la referencia que buscaba Jorge, un viejo gendarme de tres puntas que parecía montar guardia.
Ante el viejo gendarme de tres puntas

En este caso la roca no estaba muy compacta yo incluso diría que estaba descompuesta, y para colmo tenía muchas aristas vivas, roca ponzoñosa lo llamó Vlady.
 Vlady

Javi
Desde el primer momento la roca no me produjo buenas sensaciones, luché en mi interior por ahogar dichas sensaciones pues habíamos desechado otros planes a sectores conocidos para escalar hoy aquí, tras la ardua búsqueda no quise dedicarme a dar paseítos ni a la vida contemplativa.
A la segunda vía que hice me bajé unos metros junto a un bolo del tamaño de una gran sandía, el bolo siguió bajando hasta el suelo y cayó a un par de metros de mi asegurador. No sé qué me asustó más si mi caída o ver el regatito que mandaba para abajo al publico existente.
Capté el mensaje y ese día no volví a revelarme contra mis sensaciones.

- En septiembre del año pasado tuve ocasión de visitar otro de los secretivos del “Mar de Tetis”. En esta ocasión fuimos guiados por Alfonso, o mejor dicho por el teléfono de Alfonso, pues cuando llevamos cerca de una hora andando por un polvoriento camino nos dimos cuenta de que a lo lejos todo eran matojos y terreno llano, la orografía que veíamos no daba vestigios de ninguna pared cercana, por fortuna hay cobertura y tras una oportuna llamada volvimos al camino correcto y dimos rápidamente con el sector.
¡Sorpresa, predomina el desplome!
Lorena asegurada por Alfonso

A un “plaquero” como yo se le acaban los brazos tras pocas vías, una vez petado y mientras mis lolos amigos del roco seguían a lo suyo, con pasos de bicicleta por aquí, taloneos por allí, acompañados por diversos monodedos y bidedos me dedique a otros menesteres. Aproveché el resto de la mañana para explorar el valle y recolectar sus frutos. Había nogales junto a la ribera del río, me llevé el macuto a casa un par de kilos más pesado de como vino, a pesar de que la cantimplora volvía vacía.

- El último de estos secretivos calizo lo visitamos este julio, en plena ola de calor, fuimos con pocas referencia, simplemente llevábamos una foto de situación que nos habían pasado por el móvil, nos cuesta un poco encontrarlo pues vamos con la idea de que la pared tiene orientación norte, tras un buen pateo rodeado siempre de moscas cojoneras, vemos que el único sitio en el que pueden haber vías está orientado prácticamente en su totalidad al sur, allí vamos como última opción a ver si hay chapas y… las hay! Las vías son duras aunque siempre hay algunas que se dejan hacer, montamos el campo en las únicas sombras que hay bajo unos desplomes. Nos dedicamos a escalar hasta que el calor, las avispas y sobre todo la falta de agua nos empujan a retirarnos.
 Miguel (Junior) asegurado por Yago

 Antonio (Menda)
Eloy

A pesar de haber trepado menos de diez vías sumando los tres sectores, no cambio ningunos de estos días por escalar en otras zonas más afamadas de caliza.
Aunque no es mi estilo en esta ocasión prefiero no desvelar estos pequeños lugares, lugares hechos por el paso de millones y millones de siglos, por ello se me hace difícil entender la palabra secretivo, se me hace difícil ver que las personas, que duramos segundos con relación a estos muros, nos creamos con sus derechos, aun así lo respeto por petición expresa de dos de mis guías. En estas tres salidas he disfrutado con el encanto de la búsqueda, ese encanto de la exploración que parece hoy perderse, estos lugares anónimos le dan sentido a la exploración, otra faceta de la escalada, que entiendo que debe ser algo más que coger una guía e ir a tiro hecho a pie de sus vías.

11 junio 2015

Agujas de Valdemanco

Mis amigos me preguntaban que qué pasaba con el blog, que si lo había dejado; la respuesta era bien sencilla, aunque en esto últimos meses he seguido haciendo actividad, la causa principal de este pseudo-abandono es el encadenamiento ruinoso de lesiones, no salía de una y ya estaba metida en otra,… Ahora parece que ya voy saliendo, o al menos ya he aprendido a convivir con ellas, pues alguna creo que ya la tengo crónica. Para no forzar más de la cuenta me refugié en mi grado de confort repitiendo vías en escuelas para mí conocidas, con esto, salvo pasar un buen día entre amigos no había mucho más que contar… y menos a mí fisio, que por no oír sus reproches simplemente le decía que me dedicaba a dar “paseítos por la Pedriza”. Entre estos “paseitos por la Pedriza” destacan las visitas que últimamente hemos hecho a las Agujas de Valdemanco, este solitario paraíso de granito de alta montaña, donde abunda el musgo y el cerrado matorral, donde vive la nerviosa lagartija y el inmutable buitre. Aquí la tranquilidad y la energía entran por los poros por si sola, que mejor sitio que este para romper un silencio que ya me molestaba, que mejor lugar para recuperar energía.
Miguel, en el L1 del El Alpinista electricista, 6c+

* * *
De mis últimas salidas varias han sido por estas apartadas agujas, era agradable ver la progresión tanto física como mental que me daba este lugar. Recuerdo que la primera vez que subí, con el chorreo de lesiones a cuesta, casi me tumbó la pequeña subida de acceso, puede decirse que llegué a la base de las agujas moralmente derrotado y pidiendo árnica para mi rodilla, ese primer día me conformé con hacer tres vías de cualquier manera, me limité a ver como los demás disfrutaban de la escalada mientras mi alma intentaba buscar un algo entre las agujas que había perdido en el valle.
Por suerte no perdí la afición a la fotografía y conservo unos recuerdos de aquel día que ahora veo un tanto distantes.

Manolo en Rebeca, 6a+

Miguel en Gandalf, 6b

Fernando en el Muro del Sol, Vía Abejas, 6a+

Semanas después vino la segunda visita, creo que fue en esta cuando llegó el punto de inflexión, la subida me costó menos y aunque se notaba la falta de actividad, las lesiones no enturbiaron la escalada. A decir verdad apunto estuve de no ir, pues al oír el nombre de las vías que proponía Miguel: Directa Salcedo-Sanchez y el Alpinista Electricista a la Punta Laura, me entró el… “Y donde voy yo con este cuerpo a hacer semejantes vías”, los ánimos de Miguel me empujaron, y bueno, voy y hasta donde pueda me dije.
 Miguel, primer largo Directa Salcedo-Sánchez, 6b (mantenido) ¿6c?

Fernando, en el L2-L3 Salcedo-Sánchez

 R1 de El Alpinista Electricista, 6c+

Fernando, L1 de El Alpinista Electricista, 6c+

Excepcionales vías. Ese día, aunque en tope, Vlady, Manolo y yo solo hicimos una, La Directa Salcedo-Sanchez a la Punta Laura, mientras Fernando y Miguel hicieron también El Alpinista Electricista. Para esa única vía bien valió subir, fue la excusa perfecta para compartir cuerda y risas y por supuesto la posterior cerveza, también fue la excusa para olvidarme de las lesiones.
 Vlady, empalmando el L2 y el L3 de la Directa Salcedo-Sánchez

 Manolo, en el L2 - L3 de la Directa Salcedo-Sánchez


Menda en el mismo largo

Al día siguiente volvimos Miguel y yo a este paraíso de verdes placas y firmes regletas, fue una subida rápida donde las lesiones quedaron difuminadas por el entorno, hicimos cinco vías cortas, en este caso todas encadenadas de primero, disfrutamos de un día como hacía tiempo no lo hacía, en este lugar que cada vez significa más para mí.

 Cancho Moñiga, vía Merlayn, 6b


 Muro del Sol, El Quinto Elemento, V+
  Muro del Sol, El Quinto Elemento, V+
Datos técnicos y croquis: Vienen en la guía de Juan Luis Salcedo, La Cabrera, Agujas de Valdemanco. De Punta Laura en vía clásica hay un buen croquis. Por su parte Miguel me ha pasado este que subo:


En él se puede ver una tercera vía que dudamos que sea la Vía Casquet-Becquer-Vivanco pues inicia su recorrido por un espolón y está equipado con parabolts M-10.

Descenso de Punta Laura: Destrepando por detrás o rapelando por las vías, ojo la última reunión de la Directa Salcedo-Sánchez está un tanto vetusta, nosotros rapelamos de un cáncamo que hay algo más a la derecha, en una tirada de 60m. Según pone Miguel en el croquis se recomienda hacer la Directa Salcedo-Sanchez en dos largos pues la segunda reunión es un tanto incómoda, y el Alpinista Electricista en tres, pues las cuerdas corren mal arriba. El resto de las vías son de un largo. Las dos primeras vías de Punta Laura se pueden hacer con cuerda simple de 60

P. D. En este blog puedes encontrar algo más de esta zona.

20 enero 2015

Un extraño paseo por La Pedriza

Hay días que tienes tantas vivencias juntas que en algún instante tu cerebro llega a dudar si todas han ocurrido el mismo día, es como si no tuviera tiempo a asimilarlas juntas. Eso me pasó el otro día al final de la jornada, en el último sector hubo un momento que dudé, pues me pareció muy distante el inicio del día, pero mejor empiezo desde el principio.
Miguel en la primera del Mururoa

* * *
Empezamos el día temprano, hoy nuestra intención es visitar un par de sectores pequeños, a las ocho ponemos rumbo a la Pedriza, a pesar de que a nuestro primer sector se accede mejor desde Cantocochinos entramos por el Tranco, es una cuestión de gustos, andas un poco más pero es todo más tranquilo y menos agobiante, sobre todo por no tener que estar pendiente de la barrera del otro lado.
La mañana es fría y el camino se nos hace corto con la amena charla, pronto llegamos al Mururoa, una pequeña placa vertical con cuatro vías con algo de canto y muchas manchas de musgo que no dificultan la escalada, el sector está solitario, tras dar un rápido vistazo a las vías nos equipamos y nos metemos en ellas. Está terminando Miguel la primera cuando empezamos a oír murmullos y ladridos.
El primero en llegar es Galo, algo detrás vienen un montón de amigos, entre los saludos y el alboroto de los perros se nos olvida que estábamos aquí para trepar, subo y cierro la primera. Amablemente nos dejan meternos en la segunda, con la excusa de que nosotros vamos más rápido, a pesar de que ya han desplegado la cuerda bajo ella, circunstancia que por supuesto agradecemos.
En nuestra segunda vía del Mururoa

Tras hacerla el tiempo empeora, empieza una ligera nevada, decidimos esperar un poco, la nieve se está depositándose en las regletas de la pared y aunque no funde lo hará al contacto de nuestros dedos, mientras esperamos acontecimientos nuestros hoy compañeros de pared cierran las dos vías que tienen abiertas. Sus perros aun no deben tener definida la jerarquía, pues de vez en cuando se oye alguna que otra tarascada con el correspondiente quejido y la voz del amo del perro agresor tratando de imponer el orden, el tiempo no mejora y nuestros compañeros de tapia deciden ponen rumbo a Cantocochinos. Nosotros aguantamos un poco más, pero la leve y persistente nevada mella nuestra paciencia y nos hace poner rumbo sur.
La Foca

El segundo sector al que teníamos pensado ir es a la Foca, que está más o menos orientado al norte, aun a sabiendas de que va a estar mojado vamos a hacerle una visita, no buscamos mejor opción pues ahora mismo estará empapada cualquier pared ya sea norte o sur.
En el camino a la Foca deja de nevar y cuando estamos observando sus distintas lineas sale el sol, frente a nosotros cruzando el rio está el ahora reluciente Cancho del Ratón, decidimos ir para allá a ver como estaban sus vías pues las de las focas tardarán en secar.
Cancho de Ratón

De camino al Ratón le suelto a Miguel un… “A ver si han reequipado el sector”. Miguel no da crédito a mis palabras pues no sabía siquiera que estuviese desequipado, este hecho hace que acelere el ritmo de marcha y varíe levemente su humor.
El aumento del paso junto con el exceso de abrigo hace que en la mínima cuesta nos paremos a quitarnos ropa, en menos de media hora hemos pasado del invierno a la cálida primavera, incluso me tengo que poner un pañuelo en la frente pues el sudor busca mis ojos.
Llegamos y efectivamente el Cancho del Ratón está desequipado, no es una novedad para mí pero sí para el equipador que va conmigo, esta circunstancia hace que su humor varié aun un poco más, entiendo que a los del mismo gremio le afecten más esas cosas.
Tras estar despotricando un rato decidimos acercarnos al Risco de las Hormigas. Este sector está dividido en dos zonas, la inferir y la superior, la primera está momentáneamente ocupada, nos vamos a la de arriba a hacer un par de vías mientras se libera la inferior.

Miguel en el sector superior del Risco de las Hormigas


La primera vía que hago no es que fuera muy difícil simplemente es que no voy centrado, con tanto cambio mi cabeza no está tranquila, la subo pero decido no escalar más en el día, ya que no estoy disfrutando, me dedico a asegurar a Miguel que parece que el escalar le relaja de los últimos acontecimientos del Cancho del Ratón.
Volvemos al sector inferior, el 6c que pretende hacerse Miguel sigue ocupado, mientras se queda libre se hace el 6b de la derecha, tras esto me anima a meterme. Y bueno, la segunda negativa no soy capaz de dársela. Me meto en tope, quitando el paso de mostrador del último paso lo saco bien, bajo y me vuelvo a abrigar pues ha entrado una nube y la temperatura vuelve a bajar con rapidez, de casi estar en manga corta volvemos a los forros y las plumas.

Según estoy mirando los pegues de los que ocupan la vía me entra una duda que le pregunto a Miguel.
  • Oye Miguel, ¿Lo de Galo y sus amigos fue esta mañana verdad?

No hace falta que me conteste pues enseguida me doy cuenta de la tontería que estoy diciendo, me quedo pensando en cómo me ha llegado esa idea a la cabeza y en los intríngulis de nuestro cerebro. Mientras, los hoy compañeros de pared dejan colarse a Miguel para que se haga el 6c.

02 diciembre 2014

Peña Las Monjas, Bustarviejo

La mayoría de los escaladores a los que preguntas no han oído hablar de Las Monjas, o si las conocen nunca han subido por allí. Desde hace cuatro años yo era uno de esos del segundo grupo, sabía que existía pero nunca se me había ocurrido ir a ese en apariencia lejano y recóndito sector, Miguel me hablaba a menudo de él, sobre todo cada vez que aparecían a la vista, allá a lo lejos, en nuestras ya muchas visitas al Mondalindo u otros sectores cercanos. Las Monjas era también un tema de conversación frecuente en el bar de turno, una constante universal en nuestros proyectos, teníamos incluso una coletilla habitual cuando repasábamos sectores pendientes… “luego tenemos Las Monjas”.
Me cuenta Miguel que conoció a su principal aperturista, Alberto Castro, en el muro de Herrera Oria hace ya muchos años, estuvieron un tiempo coincidiendo mientras entrenaban. Los avatares de la vida hicieron que Alberto se fuera a vivir a Bustarviejo. Años más tarde Miguel volvió a coincidir con él en los bares de la zona de Bustarviejo, tras hacer actividad en los distintos sectores de la sierra de Canencia. En uno de esos encuentros Alberto le contó sus aperturas en Las Monjas. Miguel fue dejando el tema de visitar el sector, hasta que cierto día de lluvia subió a echar un vistazo por aprovechar la jornada, casualmente ese mismo día cuando bajó coincidió con Alberto, mientras se tomaban unos vinos hicieron los croquis sobre unas frágiles servilletas de papel en Casa Maruja, aun con una idea de las vías en su cabeza el tema volvió a enquistarse, hasta que por fin cuatro años más tarde pudo subir a escalar, y yo tuve la suerte de acompañarle.

* * *
La mañana es fría, subimos abrigados por la cuesta y por unas prendas que se van alojando en nuestras mochilas a medida que tomamos altura. No sé si vamos fuera de sendero por el ansia de llegar pronto o simplemente porque no existe un camino directo, lo cierto es que vamos buscando la mejor ruta entre la baja vegetación y los dispersos islotes de roca.
Mientras continuamos por la asilvestrada ruta nos decimos que ya buscaremos el camino bueno a la vuelta. La atracción del sector nos ha hecho obviar el sendero que utilizan los parapentistas, que debe de andar un centenar de metros a nuestra derecha.

Cuando llegas al muro principal lo primero que te impresiona es el tono ligeramente azulado que tiene la roca, recuerda al Diedro Azul de Quebrantaherraduras, solo que aquí el liquen que da el color está más extendido, no puedo resistirme a tocarlo. Una vez que te acostumbras a ver el vertical muro levemente aturquesado, instintivamente empiezas a buscar sus presas, no hace falta mirar mucho para darte cuenta de la dureza de sus vías, y pensar que hoy a este muro no le vas a poder meter mano.
A la izquierda del paño principal, en un terreno bastante tosco, se levantan un par de espolones algo más asequibles, empezamos por el más occidental, en este primero hay dos cortas vías y un diedro roto.
 Miguel en la vía 2 según croquis
 Vía 2

Vía 1
A nuestra primera vía le falta la primera chapa, Miguel tira de repertorio y coloca un cáncamo hembra del 10 que lleva en el arnés.
La roca en apariencia no tiene buena adherencia, se parece un poco a la del vecino Mondalindo, además hay algo de arena y musgo sobre ella, se nota que esto no está muy transitado, aun así hacemos bien las dos vías existentes, incluso estamos un rato probando varias veces el primer paso de la segunda vía,…ahora taloneo con la izquierda, ahora pillo aquel cacho en bavaresa,… pues esta segunda tiene distintas alternativas de entrada.


El diedro roto

Terminadas estas nos vamos al diedro de la derecha, desde debajo da la impresión de que la roca está descompuesta y encima la primera chapa está bien alta, aunque nosotros no lo hacemos viene bien meter un friend antes de llegar a ella. Según subes cambia la sensación pues se nota que la roca está saneada, aun así hay alguna presa que se mueve. Le damos 6b, o 6a+ si vas a la derecha de las chapas.

Miguel en un paso invertido del diedro roto

Después de está nos vamos al muro del norte, en este hay una fisura de manos, creo que ligeramente desplomada, limpia y con descuelgue.
A la derecha de la fisura llama la atención un conjunto de bloques superpuestos que forman una aguja, da la impresión que en cualquier momento se pueden venir abajo cual castillo de naipes.

Parecen decir…mírame y no me toques

Tras colocar cintas, friends y aliens en el arnés, Miguel se mete en la fisura.

Miguel feliz en el descuelgue

Casi al final de la fisura echa en falta un segundo Camalot azul, está apunto de bajarse pero encuentra una buena presa dentro de la fisura que le anima a seguir, tras mucho esfuerzo y varios resoplidos consigue llegar a la reunión. Baja eufórico, diciendo que es la fisura más fuerte que se ha hecho últimamente, yo no me meto pues no estoy en mi mejor momento, además ya he visto lo que le ha costado a mi compañero y prefiero no meterme a guarrear.
Seguidamente bajamos al espolón que hay a la derecha del diedro roto, aquí hacemos una curiosa vía con forma ligeramente helicoidal.
En la vía helicoidal

Podríamos decir que esta vía es un pequeño resumen de lo que es este sector, empieza con un pequeño desplome chapado con buenos agarres, continua por una fisura muy arenosa desequipada, donde entran bien los friends y que extrañamente no se van los pies, y termina casi en lo alto de la agujita. Desde aquí se aprecia lo bien situado que está Bustarviejo en su valle, esta aguja conviene repelarla (rapel volado).
Damos por terminado el día contemplando el valle desde esta pequeña cima. En el habitual aperitivo ya nos faltará siempre una frase… “luego tenemos Las Monjas”, pero seguro vendrán otras vías, otros sectores para alargar una virtual lista. Volvemos a casa escuchando a Dylan, hoy hemos elegido una ruta un poco más larga al haber terminado la actividad en buena hora, podemos así disfrutar del valle y contemplar el volar de las aves cortado por el amarillo de los otoñales árboles en el temprano atardecer.


Cómo Llegar: Yendo por la A-1 tomar la salida 57 hasta Bustarviejo, subir a la parte alta de la urbanización el Pedregal (Bustarviejo), desde allí ya son visibles las paredes. Para subir al sector es conveniente hacerlo por el camino que hay a la derecha, ya que el sendero que va recto se cierra. Una vez estamos más o menos a la altura de Las Monjas sale un desvío que girar a la izquierda y va derecho a ellas.
Croquis: Miguel aún conserva aquellas viejas servilletas de papel, al día siguiente de nuestra aventura en Las Monjas las recibí en un correo electrónico, subo una para el recuerdo.

Aquí estos de nuestra actividad:




Notas importantes:
Aunque la roca se nota saneada es conveniente palpar la roca antes de cargar el peso pues alguna presa se mueve, sobre todo en el diedro roto, ojo hay zonas arenosas.
Material, cuerda de 60, cintas y un juego de friends del 0,5 al 3, si te metes en la fisura de arriba conviene repetir el 3 y llevar los aliens rojo y gris.

Al primer seguro de la vía 2 le falta la chapa. Para esta y otras vías es conveniente llevar siempre en el arnés chapas recuperables, y en la magnesera alguna tuerca del 10, otra alternativa más rápida es la de Miguel, lleva en el arnés un cáncamo hembra de rosca 10 que ya le ha sacado de más de un apuro.

Tras un rapel volado, en la manera de lo posible conviene recuperar la cuerda lentamente, el latiguear de ella en el vacío puede hacer inoportunos nudos.